Tuesday, May 01, 2007

Oda A Valencia -- Part #1

18.19h. Al llegar de este viaje la agente Rosie tiene una gran sonrisa en la cara y una pena muy grande en la maleta. Iba en busca de los zapatos perfectos, del vestido perfecto, del resultado perfecto, de la visita perfecta, de las cenas perfectas, los lugares perfectos, los amigos perfectos la música perfecta. ¿Qué pasó? Qué encontró todo eso y más... y aún así sus superiores la reclamaron rápidamente en el cuartel general de Wisconsin para seguir trabajando en 'TheBoX' en una nueva misión secreta. Esto fue lo que dejó olvidado en el diario del hotel... o quizás no lo dejó olvidado.





Es probable que mi relación con Valencia sea como la que se tiene con una hermana mayor. Sabes que SIEMPRE te acogerá con el mismo cariño de siempre, te recibirá con su mejor cara y, cuando proceda, será la encargada de darte malas noticias. Pero sólo malas a medias.

El viaje en tren es una delicia, sobretodo si se cumplen los horarios. Sabes que tienes por delante tres horas sin cobertura en las que puedes aprovechar para comer, leer, escuchar música, ver películas y admirar como cambian los paisajes. También puedes observar la vía y creer que la vía es tu vida. Más vale creer que la vía es tu vida. Es más sano (mentalmente) que pensar que tu vida es sólo una carrera para llegar a la siguiente estación. Lo dijo, con otras palabras, mi profesor de Yoga. Al que citaré a menudo de ahora en adelante.

Ya no estoy acostumbrada a que me venga a buscar nadie a los sitios. Pero cuando insisten… ¡es tan especial! Que te vengan a buscar a una estación o a un aeropuerto anula la sensación de cenar sóla un viernes por la noche en el restaurante de moda que se apodera de mi cada vez que NO me vienen a buscar. Y aunque el camino hasta casa sea de escasos 400 metros… sientes que alguien se preocupa por ti y se alegra de que llegues. Es una gran sensación. Gracias.

Ir en coche por una ciudad desconocida es un privilegio. Un lujo diría yo. Y es más, cuando el coche lo conduce un “lugareño” te hace sentir parte de la ciudad y elimina el elemento de extrañeza. Ir en coche por Valencia es una delicia y convierte la extrañeza en proximidad. Mis visitas regulares año tras año no han hecho que me aburra de la ciudad. Conozco el centro a medias pero me encanta, como siempre, ir por los sitios donde el pie extranjero no pisa. Se trata de espiar y descubrir cosas nuevas. Media hora después, al llegar al hotel y encontrarme con mi madre me entero de algo que marcará el tono de todo el viaje: Veintitrés años atrás, un domingo por la tarde mi madre pasó la última noche antes de mi parto en ese hotel. Y muchas noches más antes de dar a luz. Se trata de un pequeño hotel muy céntrico situado en la calle Colón de la capital Valenciana.

Al llegar me doy cuenta instantáneamente de que la ciudad ha cambiado para bien. O quizás mi memoria selectiva me falla de nuevo. Pero no recordaba o no sabía que Armand Basi iba a estar tan tan tan tan cerca. Y eso me encanta sobretodo cuando este viaje se convertirá en el viaje donde intenté encontrar el vestido perfecto y encontré el zapato espectacular. Tengo que ir a dos bodas en septiembre ¿no es irónico? Así que durante un breve paseo durante la tarde tras dos años de ausencia noto que una sensación me va avisando de que algo pasará, algo bueno y algo malo y suerte que te pillará en Valencia. Todos los rincones me resultan extrañamente familiares de una manera en la que nunca me habían parecido extraños. Llevo viendo las mismas calles y andando por los mismos lugares desde el día que nací, literalmente. Me gusta la sensación esta de… te quiero, te conozco, pero no pertenezco a ti. Es tan tan tan tan tan femme fatale. ¡Como me gusta esta ciudad! Está llena de zapaterías, de gente, de cines, de restaurantes y la vida que tiene Valencia no la tiene Barcelona, en absoluto. Ya empiezo a entender de que va este sentimiento. Esto no es Barcelona, y por primera vez en seis años, me alegro.

Tras una cena digna de dos mejores amigas que incluye: pizza y otras mierdas en la cama del hotel viendo “Desperate Housewives” nos vamos a dormir. Ha sido un día duro para las dos. Un día que empezó redondo, aprobando exámenes, llegando a tiempo a todas partes y que ha terminado en Valencia, donde nada nada nada puede ir mal.

Al día siguiente, antes de entrar a desayunar me doy cuenta de que tienen un ejemplar de La Vanguardia y me alegra leer la sección Vivir En Barcelona de sus páginas centrales. Y pienso con nostalgia sobre Barcelona durante escasos 30 segundos. Y leo una noticia relacionada con la exhibición acrobática de los aviones de Red Bull y su abandono de la ciudad condal para trasladarse a Valencia. Y es en ese momento cuando explota y se materializa un pensamiento que he ido gestando durante los últimos meses. Valencia y Madrid se están poniendo por delante de Barcelona en muchas cosas. Hace dos años Barcelona era la ciudad del momento y ahora lo es Valencia. Pero me da la sensación de que su trabajo, lejos de ser una escalada meteórica superficial es una carrera de fondo y que esto no será cosa de un año o de unos meses, en absoluto. Obviamente Barcelona siempre tendrá a Gaudí y sus historias y también un encanto especial. Pero está perdiendo toneladas de magia cada día. En cambio Valencia… Valencia está cada día más guapa. Se trata de una ciudad de vanguardia y lujo, lo descubro tras pasear, de nuevo, con rumbo a ninguna parte por el casco histórico de la ciudad. Hay tantos pequeños rincones que no conozco de esta pequeña ciudad que es como cuando te enamoras y no puedes dejar de pensar en él durante horas, de recrearte en sus gestos y recordar sus palabras y lo único que quieres hacer es pasar el resto del día descubriendo sus secretos. Así. Es. Valencia.

A escasos trescientos metros el uno de las otras, puedes encontrar un patio interior (rincón de paz absoluto para lectores) de una iglesia románica y las nuevas tiendas de Carolina Herrera, Louis Vuitton, Hermés o Loewe. Si es que hay de todo. Si hasta hay Starbucks y Xocoa! Probablemente entre las cosas que desconozco está la versión valenciana del Verdi o el Renoir, pero todo llegará… creo que estaría muy bien vivir aquí, de nuevo. Llevo tantos años viniendo que es parte de mí, pero siempre tengo que irme a otro sitio al que llamo mi casa y donde nunca acabo de sentir que esté en el lugar correcto. ¿Y si Valencia fuera la horma de mi zapato? (No se que es una horma, ni si mis zapatos las llevan… pero con la de zapaterías que hay aquí, seguro seguro seguro que la encuentro)

Sex & The City Movie Countdown